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   Los Jóvenes queremos un diálogo sincero en el conflicto agrario

Como jóvenes de la Pastoral de Juventud queremos leer y reflexionar sobre la profundización de este conflicto agrario y las manifestaciones populares reclamando una pronta resolución, como signos de los tiempos ante los cuales queremos dejar de pronunciar nuestra voz.

El pasado 5 de junio nuestros obispos nos invitaban a pensar esta situación planteando las siguientes preguntas "¿nuestras relaciones seguirán marcadas por la confrontación? ¿Una vez más nuestra vida social estará signada por la fragmentación y el enfrentamiento? ¿Seremos incapaces de fundamentar nuestros vínculos en un diálogo sincero y constructivo? ¿No hemos aprendido nada de nuestra historia?" (Reunión Extraordinaria de la Comisión Permanente 5 de junio de 2008)

En estos días la palabra más escuchada es diálogo. El diálogo es una herramienta esencial, en las relaciones humanas y en las formas de organización que el hombre crea para convivir. En esta oportunidad parece haberse diluido para dar paso a monólogos mediáticos basados en mutuas acusaciones perdiendo la capacidad de arribar a una solución superadora que trascienda los intereses sectoriales.

Los llamados "daños colaterales" del conflicto para nosotros son inaceptables. El país en que creemos es un país que se anime a:

  • desandar los caminos de concentración de la riqueza y construya caminos de inclusión social, que promuevan el lugar de cada uno, porque la persona humana es un valor en sí mismo.
  • desandar los caminos de la intolerancia, las miradas centradas en las propias necesidades para construir desde el diálogo y la paz social, desde el reconocimiento y la valoración de las diferencias.
  • promover la justicia, para dar a cada uno lo que le corresponde valorando la alimentación la vivienda digna y el trabajo bien remunerado.
  • contar con políticas públicas de mediano y largo plazo que hagan previsible la viabilidad del trabajo en los diversos ámbitos agropecuarios.

Creemos que la Argentina debe aprovechar este momento mundial y aportar con productos propios para paliar el hambre y la falta de alimentos, guiados por el principio del destino universal de los bienes.

Pero no por eso creemos justa una quita inconsulta e intempestiva de la mitad de los ingresos de los productores agropecuarios argentinos. Es importante considerar la diversidad de situaciones. No es lo mismo un chacarero que se levanta a la 5 de la mañana y comienza su tarea diaria, que un inversor de Nueva York que participa en un pool de siembra.

En el nivel de los alimentos que produce nuestro país, que haya hambre y desnutrición es un pecado que clama por la justicia en la distribución de los bienes más elementales.

Las autoridades tendrían que diferenciar las situaciones para ser equitativos en la aplicación de las medidas.

Tampoco es aceptable la concentración de bienes en una Argentina en la que abundan las 4x4 0Km y autos de 100.000 dólares por las mismas calles que hay niños pidiendo una moneda o cartoneando con su familia y con signos de desnutrición. No podemos mirar para otro lado, algo hay que hacer.

Es importante fortalecer las instituciones de la democracia y la participación de todos en el marco de la ley.

De esta situación salimos todos juntos o no salimos. La palabra clave sigue siendo el diálogo, pero un diálogo donde ganar o ganar no puede ser una opción.

Los jóvenes de la Pastoral de Juventud no sólo debemos ser "diagnosticadores" de la negra realidad que constantemente escuchamos en los medios de comunicación, en la calle, las universidades, los ambientes laborales; debemos ser instrumentos de unión y concordia, de entendimiento y de diálogo. Queremos ser jóvenes que "analizan la realidad con actitud de apertura y de escucha ante lo nuevo y diferente y con mirada crítica y desprejuicidas asumen el protagonismo en la construcción de su propia identidad y de un proyecto social". (Un mapa para navegar mar adentro p. 27)

Como Pablo decía a los que extremaban posiciones "Ni de Pablo ni de Apolo....de Cristo" (1 Cor 3, 22-23). Quizás hoy la Patria necesite que la juventud "ponga el cuerpo", pero esta vez no como carne de cañón, sino como agente de conciliación y moderación en una Argentina convulsionada.

Comsión Ejecutiva de Pastoral de Juventud


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